Teóricamente está derivado de óptimo, lo mejor, tan sumamente bueno que no puede ser mejor. Aunque también podría ser la óptica de uno mismo, pero suena un poco egocentrista y ombliguero, el optimismismo, a no ser que se refiera a cómo ves las cosas, y que decides que sea positivo, medio lleno. Si es lleno entero, igual pasas de positivo a iluminado, porque normalmente las demás personas no tienen una óptica optimista de los que no son de la misma manera de ver las cosas.
Incluyo ponencia de Emilio Duró sobre optimismo y motivación: http://youtu.be/zK4sB_rWhF8
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domingo, 17 de abril de 2011
Optimismo
Optimismo: Propensión a ver y juzgar las cosas en su versión más favorable.
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Curiosidades,
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La palabra del día
viernes, 8 de octubre de 2010
Telepredicando y con el mazo dando
Ayer, volviendo a casa, pasé al lado de unas cabinas telefónicas en la que había una señora de cierta edad hablando y un señor de edad incierta esperando. Si bien hace un par de años las consideraba (las cabinas) casi reliquias de interés histórico, mal conservadas la mayoría y sin interés en arreglarlas dado que prácticamente todo el mundo tenía un móvil (o más, había más líneas móviles registradas que población), últimamente veo más usuarios, causados seguramente por la crisis.
En vez de cabinas, deberíamos llamarlas postes de teléfonos, o con otras palabras por el estilo si queremos evitar la confusión con el típico poste de madera del que cuelgan los hilos telefónicos, porque de cabina ya tienen poco, y la conversación, a poco que uno tenga orejas, es poco menos que pública. Debe ser por eso que las llaman cabinas públicas. Y la sorpresa fue al escuchar que la usuaria del teléfono, con un tono grandilocuente estaba citando unos párrafos o versículos de algún texto religioso que mi memoria no almacenó, donde se indicaba que no sólo había que profesar la fe sino también propagarla entre los demás. Proselitismo telefónico, lo último que me quedaba por oir.
El discurso seguía, y yo hacia mi casa, así que dejé a la telepredicadora que siguiera con sus labores religiosas.
En vez de cabinas, deberíamos llamarlas postes de teléfonos, o con otras palabras por el estilo si queremos evitar la confusión con el típico poste de madera del que cuelgan los hilos telefónicos, porque de cabina ya tienen poco, y la conversación, a poco que uno tenga orejas, es poco menos que pública. Debe ser por eso que las llaman cabinas públicas. Y la sorpresa fue al escuchar que la usuaria del teléfono, con un tono grandilocuente estaba citando unos párrafos o versículos de algún texto religioso que mi memoria no almacenó, donde se indicaba que no sólo había que profesar la fe sino también propagarla entre los demás. Proselitismo telefónico, lo último que me quedaba por oir.
El discurso seguía, y yo hacia mi casa, así que dejé a la telepredicadora que siguiera con sus labores religiosas.
viernes, 2 de julio de 2010
Pareidolia
El otro día me tropecé por casualidad con esta palabra, ya no recuerdo dónde. No consta registrada como tal en http://www.rae.es/, estará pendiente de que la limpien y le den brillo y esplendor, pero sí que hay artículos al respecto.
Dícese del fenómeno psicológico de la percepción (no necesariamente patológico, no son alucinaciones) que provoca ver figuras reconocibles a partir de una serie de estímulos vagos no estructurados. Para entendernos, es ver al Che Guevara en una nube, o a la Virgen Maria en las manchas de una pared, aunque en este último caso puede denominarse con un nombre específico, hierofanía (acto de manifestación de lo sagrado en el mundo material). No está limitado al sentido de la vista, también se incluyen las psicofonías, las palabras que se creen entender en una grabación en un caserón abandonado, por ejemplo.
Es una cuestión de percepción, los estímulos visuales o auditivos existen realmente, pero el sujeto que lo percibe toma los elementos caóticos y los relaciona en una estructura familiar que no tiene realmente. Por ejemplo, algunas rocas desde un punto de vista determinado, las relacionamos con imágenes que conocemos previamente, como S'Indiot, en Menorca.
Dícese del fenómeno psicológico de la percepción (no necesariamente patológico, no son alucinaciones) que provoca ver figuras reconocibles a partir de una serie de estímulos vagos no estructurados. Para entendernos, es ver al Che Guevara en una nube, o a la Virgen Maria en las manchas de una pared, aunque en este último caso puede denominarse con un nombre específico, hierofanía (acto de manifestación de lo sagrado en el mundo material). No está limitado al sentido de la vista, también se incluyen las psicofonías, las palabras que se creen entender en una grabación en un caserón abandonado, por ejemplo.
Es una cuestión de percepción, los estímulos visuales o auditivos existen realmente, pero el sujeto que lo percibe toma los elementos caóticos y los relaciona en una estructura familiar que no tiene realmente. Por ejemplo, algunas rocas desde un punto de vista determinado, las relacionamos con imágenes que conocemos previamente, como S'Indiot, en Menorca.
Pero, ¿cuál es la causa? Segun una teoría, es un rasgo potenciado por la evolución. Se ha estudiado la capacidad humana de reconocer caras desde temprana edad, y se deduce que los bebés con esta capacidad eran más atractivos para los padres y por tanto, tenían más posibilidades de sobrevivir y trasmitir esta característica.
http://www.escepticospr.com/Archivos/imagenes.htm
Este fenómeno pone de manifiesto el hábito humano de buscar lo conocido en lo desconocido, la tendencia del cerebro de encontrar un sentido al mundo que nos rodea, que nos gusta pensar que alguien, en alguna parte, tiene un plan.
miércoles, 18 de noviembre de 2009
Salomón, 3M
Metro, primera hora de la mañana. Flujo ordenanamente caótico (o caóticamente ordenado) de personas que van y vienen. Van y van, pocas vienen, pero van a lugares opuestos, por tanto, según mi posición relativa, vienen. Rutina ordinaria, parar, abrir puertas, vomitar gente hacia la gente apelotonada fuera que espera su turno para apelotonarse dentro. Cierre de puertas y mutis por el túnel.
Carreras por entrar, prisas por no esperar 3 minutos, porque a estas horas puede representar la diferencia entre llegar a secas o llegar tarde. Carreras de preadolescentes por la emoción de llegar antes de que se cierren las puertas (¿Germen o consecuencia de la actual sociedad competitiva?). Una entra, sonriente, triunfante, medalla de oro en 50m andén; la otra frena ante la puerta, con cara de susto, ya que la puerta se cierra y se va a quedar fuera. Una mujer, presumo la madre de ambas (se parecen, una un poco más rubia, la otra un poco más alta), se debate en milésimas y se lanza valientemente entre las puertas que se cierran, quedando equitativamente entre ambas, las puertas y las hijas, nueva versión del juicio de Salomón, en la que no se reparte un hijo entre sus dos supuestas madres, sino una madre entre dos hijas que presumo ciertas. Y como entonces, la espada se retira y la madre sigue entera, con una niña de cada mano, retomando la rutina.
Carreras por entrar, prisas por no esperar 3 minutos, porque a estas horas puede representar la diferencia entre llegar a secas o llegar tarde. Carreras de preadolescentes por la emoción de llegar antes de que se cierren las puertas (¿Germen o consecuencia de la actual sociedad competitiva?). Una entra, sonriente, triunfante, medalla de oro en 50m andén; la otra frena ante la puerta, con cara de susto, ya que la puerta se cierra y se va a quedar fuera. Una mujer, presumo la madre de ambas (se parecen, una un poco más rubia, la otra un poco más alta), se debate en milésimas y se lanza valientemente entre las puertas que se cierran, quedando equitativamente entre ambas, las puertas y las hijas, nueva versión del juicio de Salomón, en la que no se reparte un hijo entre sus dos supuestas madres, sino una madre entre dos hijas que presumo ciertas. Y como entonces, la espada se retira y la madre sigue entera, con una niña de cada mano, retomando la rutina.
martes, 17 de noviembre de 2009
El hombre de la ensaimada en la cabeza
Lo he visto a lo lejos. Bueno, tampoco tan a lo lejos porque mi vista no es precisamente un ejemplo de agudeza, pero sí desde el otro lado de la calle, mientras esperaba a que cambiase el semáforo para cruzar. Primero he creído que llevaba algún extraño tipo de boina, ya que su edad y mis prejuicios lo aproximaban más a esta idea que a otra. Después me he dado cuenta que era su propio pelo, en lo que podríamos definir como una meritoria imitación de Mary de "Algo pasa con Mary". Resumiendo: el pelo cortito hasta llegar a la altura de la coronilla, donde crecía un matojo de pelo que se mantenía forzadamente erecto con algún tipo de producto químico y que le proporcionaba, bien, bien, sus 5 ó 10 cm de altura adicional. Y es que después he tenido la ocasión de observarlo mejor, disimuladamente, porque hemos coincidido un tramo del camino hacia nuestros respectivos quehaceres. De cerca hacía mejor efecto, justo es reconocerlo, y tampoco era tan bajo como para necesitar este andamio suplementario y ,aunque ignoro si es por este motivo, si tan inocuo artificio le supone un refuerzo de autoestima, por ejemplo, bienvenido sea. Que, según las ventas de libros de autoayuda, es un bien que escasea.
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